lunes, 1 de junio de 2015

Credo

Creo en la materia
y en mis sentidos
en lo que imagino
en la configuración del mundo
en la causalidad del azar
en la voluntad
en el beneficio mutuo
No en el absoluto sino en
la práctica
el aquí y el ahora
No creo, sé
y pongo mi fe en lo que sé
tengo devoción por el placer
el goce, el gasto, la alegría y el saber.
Prefiero la creación a la destrucción
pero admito la destrucción
que permite la creación.
Sé que soy más que infinitesimal
pero sigo siendo un entero
en esta magnífica vastedad.



miércoles, 18 de marzo de 2015

Vehemencia

Soy vehemente
me doy cuenta
cuando me sorprendo
escoltando mi libertad
a la energúmena cárcel
del “quizás no”
—Hay más posibilidades de que suceda
Pero en púlpito
sobre mi propia cabeza
sobre mi propia cabeza
como kipá, como cruz…
 —Ohm
me apabullo
—¡Fuera como Prometeo!
Soy mi propio Odín
Y así
¿Qué importa si me detengo?
Más adelante no me moveré otra vez
¿Y qué tiene si no lo hago?
Si ha de suceder, sucederá
¿yo qué tengo que ver en eso?
soy el árbol que calló
al caer en el bosque
¿qué más da si había alguien ahí?
Soy omnisciente de todo lo que conozco
y ubicuo donde esté en todo momento que sea
Me río
—¡Ja, ja, ja!
La risa solitaria es la más ingrata
mientras que cuando me doblo a carcajadas con
mi desdicha
soy el fonámbulo taciturno
que zascandilea por los vericuetos de una nostalgia iracunda
que lisonjea trivialidades vociferantes en delirios, balbuceos y tropiezos
inmarcesibles
como el dolor
y la alegría de saber que al menos algo tenemos
algo es verdaderamente nuestro
íntimo
¿será la conciencia patética la medida del ser?
será mejor
el rocío como perla
lágrima de semen
sobre el terso bulbo arrebolado
arremolinado en la perfección del placer
el ósculo sagrado que
compenetra a este ente desbordado
vital
enhiesto y humillado
humilde y elevado
será el ser el placer
de la medida vehemencia.


martes, 24 de febrero de 2015

Hallé en tu presencia

Hallé en tu presencia el asombro perdido

Fingí indolencia y parecía dirigido
por el sonido de lo conocido
y por dentro arrastraba el ánimo
la fragua de un desaire enquistado.

El adormecido instinto que rebasa el cuerpo
enyesaba mi deseo encerrando el hálito poético
y las llanas ganas de ser por fuera la dulzura que
dentro pulsa
ferviente para complacer la lengua del mundo
mentía con la locura del sátiro indomable
laureado de miedo, soplando la flauta de espinas
escondiendo ese férreo dolor oxidado
que guarda la vena paciente y perene
esa que pulsa como la promesa de esa estrella,
titilando guiña su ojo, espera.

Y así encarcelado en esos espejismos del fracaso
el duelo, la rabieta, el consolado sonsonete de la soledad,
las vanas tentaciones y el monótono cincel del ego,
dibujando tristezas y ensayando desplomes
andaba enredando púas y curando esperanzas
buscando con la cabeza gacha al socaire de la alegría
el soplo divino, la flecha del dios alado, 
o el fantasma del melancólico futuro

Aún cuando encuentres en la basura una gema
no busques ahí lo más preciado
envuelta en desprecio está esa gema
mejor el carbón de los palacios.

Así que por pepenador perdía el asombro:
El gozo y la belleza, al tiradero, al chiquero hostil
donde se embarran de hiel banal
una especie homínida que se complace en
embadurnar al otro con la mengambrea de la fantasía
abominable
blandura de la conciencia y  lastimosa verdad de la falacia
la realidad desprovista de dicha y la dicha desprovista
de conocimientos burdos y emociones sosas
se había colmado la mansa resignación de mis días

De pronto,
(aquí por fin la peripecia)
¿con que te he de comparar si no es quizá
con la primavera, el verano y la potencia de todas sus estaciones
con el mismísimo Adonis
con
la comparación no es más que un pretexto
la materia del delito, el protagonista de mi encanto
no es el cuerpo deletreado que esta verborrea
pueda esculpir torpemente sin hipérboles
(cuando el fenómeno es incandescente y esplendoroso
solo se puede dar fe de una magnífica existencia).

Y así como frente al arbusto que arde, el temor
me sigue y me ata
funde en mí la patológica paranoia
que suspira el espejismo
al mismo tiempo que mi fascinación
me vuelve un niño persiguiendo una luciérnaga
o una luciérnaga que persigue una mano franca
que la haga su secreto, su breve luz en la mano
que lo comparta con la noche
Hallé en tu presencia el asombro perdido.



lunes, 8 de diciembre de 2014

Poema que llora

para que sean del color que deben ser
las lágrimas se escriben
la tinta abre yagas en la piel blanca
cerrojos
cada una de las letras
donde penetran abismos
universos y antimateria
Mientras más escriba
más lágrimas han caído
y pienso que debería ser
el tipo más ancho
y una cifra exótica los puntos
Me da por escurrir sobre este pañuelo
y me sueno el alma
simplemente porque lloro
y lloro por tristeza
y estoy triste por todo
y todo me hace llorar
y escribo
incrusto pequeñísimas virutas
granos de aserrín preciados
del grabado de mi lamentación insólita
violo la blanquecina pureza
del resplandor
hoja de papel efímero
el espejo de la bruja que muestra otros mundos
construyendo un mundo en su interior evanecente
cuan parecido a un noviazgo que se pierde
Otra vez que merodees
estas rendijas deslavadas por los ojos
volveré a desatar las mínimas vorágines
que escapan cada que
la melancolía del desamor
desborda el tintero con sus negras y pesadas lágrimas.  


martes, 11 de noviembre de 2014

Los que escuchamos.

Pasó uno y las algarabías de campaña
la feria multicolor
la hipocresía carnavalesca
se perfumó del más podrido olor a
reclamo e injusticia
pero nadie se movió cuando
mataron a esos
desaparecieron a los otros
callaron a estos
y hubimos los que solo escuchamos
y dejamos pasar

Pasó otro y otro más
un payaso incólume
y un borracho pedante y socarrón
un alto megalómano gandaya
y un chaparro acomplejado brabucón
El primero, la paz de las enfermedades sacudió
y el otro alimentó la enfermedad, no al enfermo
Ya no hubo paz, ni enfermos
solo enfermedad.

Y nadie se movió
ni después de haber probado la sangre
que gotea de los techos
ni el fétido olor a muerte
que mana de la sopa ardiente
o la pútrida escoria que se acumula en la periferia de los ojos;
hubimos los que nos tapamos las narices
y escuchamos
quizás hablamos
calladito
no vaya ser el diablo

Enervados, desnutridos, golpeados
amantes de nuestro captor
enamorados del idilio de la estupidez
la banalidad y la cínica vejación de todo principio humano
encaramamos a un príncipe endeble
de papel demasiadas veces reciclado
empapado de una brea color rubí.
Y ahí está ahora, moviendo
todo el estiércol que sus fabricantes
han producido
toda la porquería y la nociva selección
de todos los males del mundo
envueltos en una angelical caja de pandora
que se retuerce por el asco de su contenido.

Y ahora cuando la mierda está muy alta
cuando ha invadido nuestros oídos,
manchado nuestra visión,
y ahogado nuestras palabras;
ahora queremos salir del fango
cuando ya no hay alaridos de perdición y angustia inminente
ya no hay quien se queje, ni quien haga por ti:
Cuando ya no hay qué escuchar
habríamos de actuar.